OFICIOS DE MADRID (IV): Las Castañeras

Castañera de Madrid, dibujada por G. Doré (1862). Foto: Wikipedia

En esta entrada vamos a conocer a una figura muy ligada también a la vida y costumbres madrileñas, sobre todo cuando llega el invierno y su horno calienta un fruto seco: las castañas asadas. Estamos hablando de la Castañera.

Se trata de una vendedora que disponía de un pequeño fogón para asar castañas. Los puestos de venta podían ser fijos o móviles. Generalmente, solían ser mujeres maduras y curtidas por el frío helador que en esos años era propio de los inviernos madrileños. Muchas, entradas en años, llevaban toda su vida dedicándose a vender castañas calentitas al viandante a cambio de un puñado de monedas.

Eran conocidas en los barrios donde se instalaban, representando un elemento más de los mismos. Su apareciencia era casi siempre muy similar: vestían de negro, cubriendo su cabeza con un pañuelo del mismo color y sobre sus hombros una gruesa toquilla ahumada de tanto vivir pegada al horno. Cubrían sus manos con unos guantes y sobre sus piernas se colocaban una manta para abrigarlas.

Castañera de Madrid. Foto: todocoleccion.net

Desde siempre, Madrid ha estado lleno de castañeras. En las esquinas, en los zaguanes, a la entrada de las bocas de Metro, junto a los quioscos de prensa, en las plazas. Son las oscuras golondrinas que con el otoño vuelven sus puestos a colgar del escaparate urbano en las calles de Madrid. Su monótona vida, en torno a un hornillo, nos hace viajar al Madrid más costumbrista y sencillo. Hay recuerdo de su existencia pasada en la Plaza de Tirso de Molina, Plaza de España, San Millán, etc.

GRABADO CASTAÑERA 1899 AEI
Castañera (1899). Fuente: Historias Matritenses

De origen incierto, entre el último tercio del siglo XVIII y mediados del XX ha sido y sigue siendo una estampa muy popular de España, y en especial de nuestra ciudad, con un apogeo destacado a lo largo del siglo XIX, siendo un reflejo muy estimado, llegando a diferenciarse dos tipos:

1. Las castañeras que cocían, vendedoras ambulantes provistas de una olla de hierro en que cocían y almacenaban las castañas, y que podía servirles de mostrador para venderlas y 2. Las castañeras que asaban y debían tener los siguientes utensilios:

  1. una mesa, o una tabla sobre un cajón
  2. una olla especial o algún otro tipo de vasija
  3. algún tipo de anafre u hornillo portátil
  4. una chimenea o cañón de hoja de lata que dé salida al humo del hornillo
  5. algún tipo de fuelle
  6. unas tenazas para remover las castañas en la rejilla y escarbar la lumbre
  7. un cuchillo para hacer en cada castaña la incisión que evita que salten las castañas y facilita después la separación de la cáscara
  8. una manta o trapo para abrigar la mercancía
  9. una espuerta bien provista de carbón
  10. un tarro lleno de sal
  11. una silla (o similar asiento más o menos primitivo), y en los casos más lujosos, un cobertizo para resguardarse de la intemperie.
castanera
Castañera de Madrid. Foto: edicioneslalibreria.es

Los productos asados eran mayoritariamente castañas pero en algunos también había boniatos. Tanto castañas como boniatos se expendían dentro de unas bolsas de cucurucho de periódico, curiosa forma del reciclaje del papel-prensa, teniendo que demorar algo su consumo pues se vendían muy calientes.

De la mano de diversos escritores encontramos a estas mujeres en muy diversos ejemplos de la literatura más castiza, como es el caso de “Las castañeras picadas” sainete de D. Ramón de la Cruz, o en Carlos Arniches con su personaje la señá Ezequiela.

Escena del sainete “Las castañeras picadas”. Foto: Antonio Banus

Las Castañeras han ido resistiendo el paso del tiempo, aunque la figura tradicional -por todos conocida-, ha cambiado por otra más adaptada a los nuevos tiempos. Cuesta mucho encontrarnos hoy en día con una vieja castañera a la antigua usanza; ahora gran parte son hombres, personas sin otro empleo y que por ello obtienen del Ayuntamiento una licencia para vender el fruto caliente por las frías calles de Madrid.

Hace unos años el Ayuntamiento decidió acabar con la imagen antigua de aquellos hornillos y normalizar un modelo de carrito para la venta de castañas, un modelo que ha supuesto la ruptura con la tradición y con la figura de la castañera.

Aún y con todo la existencia de esta figura -junto a los puestos- sigue y seguirá siendo, esperamos que por mucho tiempo más, uno de los símbolos más agradecidos de nuestro invierno madrileño, ya que sin ellas, algo se nos quedará vacío.

Castañera en Madrid (1920). Foto: Secretos de Madrid

 


Bibliografía y Recursos electrónicos

  • DOMÍNGUEZ, Rosalía., “Tipos y costumbres peculiares de finales del Madrid del siglo XIX”, Madrid Histórico, nº 75, mayo/junio, 2018, 70-74.
  • RÍO LÓPEZ, Ángel del., Viejos oficios de Madrid. Madrid, Ediciones La Librería, Madrid de Bolsillo, 3, 2002.
  • Castañera [Wikipedia].