OFICIOS DE MADRID: Los aguadores o aguateros

Aguador de Madrid en 1802. Fuente: Wikipedia

A partir de hoy y en próximas entradas vamos a conocer una gran variedad de tipos populares que, en su momento, pululaban a diario por las calles de Madrid durante más de cuatro siglos (del XV hasta mediados del XX), personajes que en muchos casos han desaparecido de la esfera cotidiana de nuestra ciudad, fruto de numerosos cambios ocurridos a lo largo de la historia, y que solo viven en los relatos costumbristas de escritores tanto españoles como foráneos. Esta primera entrada vamos a dedicarla a los aguadores de Madrid. 

Autores como Mesonero Romanos o Pío Baroja ya se ocupan en sus obras de hablar de este gremio de los aguadores, de hecho tanto uno como otro coinciden que la figura del aguador era generalmente asturiano y gallego. Tenían que llevar en el ojal de su chaqueta o chaleco una placa de latón con su número, su nombre y el de la fuente asignada. En el siglo XIX, el Ayuntamiento diseñó su uniforme, consistente en una chaqueta oscura de paño grueso con solapas bordadas con las armas municipales y doble fila de botones dorados, chaleco rojo y pantalón sujeto con una faja, disponiéndose un trozo de cuero sobre el muslo derecho sobre el que apoyar la cuba, a fin de no desgatar el paño. Llevaban una gorra, de fieltro y con visera, que era obligatoria. En verano, el atuendo se simplificaba, limitándose a una blusa de percal de color azul y cuello vuelto de cienta encarnada con el escudo y número de licencia.

Aguador de Madrid, en 1800. Foto: Secretos de Madrid

Siendo Madrid una ciudad rica en aguas, con manantiales cristalinos, puros, medicinales y fuentes en abundancia con caños generosos, no siempre el agua llegaba por igual a todos los hogares madrileños.

Aguadores de barrica hacia 1850. Fuente: Wikipedia

Desgraciadamente, el agua siempre estuvo mal repartida en nuestra ciudad. Los grandes viajes de agua como los del Abroñigal, la Castellana y el de Alcubilla (por citar los más famosos), así como los arroyos, estaban en manos de las clases más pudientes y el resto de la población se las tenía que arreglar para poder acceder a este líquido elemento.

Aguador de barril (hacia 1840). Fuente: Wikipedia

A consecuencia de la necesidad de buscar el agua y llevarla a las zonas que no estaban favorecidas por la presencia cercana de arroyos y fuentes, nace el aguador, esta emblemática figura que bien con el cubilete al hombro y provisto de una basera para despacharla o transportando cubas en carros de mulas van a buscar el agua a los caños de las fuentes públicas ubicadas en lugares alejados de la población más necesitada.

Aguadores en una fuente de Madrid. Foto: http://www.iagua.es

Subían los aguadores desde el Portillo de Embajadores hasta la fuente de la calle Segovia, una de las más solicitadas y que aún existe. Estaba encajonada al fondo de una pequeña plazoleta, viendo discurrir las aguas de las fuentes que había en la Puerta Cerrada.

Junto a los aguadores paraban los trajineros que daban reposo a sus caballerías para que saciaran su sed en uno de los tres pilones de la fuente. Una vez cargadas sus cubas, encaminaban sus carros hascia las Peñuelas, la Cuesta de la Vega o atravesaban el puente de Toledo para llegar a los Carabancheles.

De igual forma, acudían los aguadores a coger agua a los caños de la fuente de la Mariblanca, instalada en plena Puerta del Sol, delante del hospital del Buen Suceso. La fuente estaba servida por el viaje de agua del Alto del Abroñigal, uno de los que gozaban de tener el agua más saludable de Madrid.

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Fuente de la Mariblanca delante del hospital del Buen Suceso (Wikipedia)

Otra de las fuentes importantes y de reconocida fama era la del Berro, ya que poseía propiedades medicinales, hasta el punto de que la propia reina Isabel II hacía que le llevaran hasta el Palacio Real el agua de la fuente del Berro para su consumo personal a través de una reata de asnos dispuesta exclusivamente para esta función.

Pero la decadencia del gremio empieza con la llegada de agua desde el río Lozoya a Madrid. Esto ocurría el 28 de junio de 1858, y el largo canal proveedor del agua, llevaría el nombre de la reina Isabel II.

Aún y con todo, a pesar de que el Canal de Isabel II comenzó a servir el agua por todo Madrid, había zonas de la ciudad, los suburbios, donde el agua todavía no había hecho su entrada y los aguadores seguían llegando con sus cubas cada mañana. Hacían el reparto por las casas, puerta por puerta, y cobraban a diez céntimos la cuba (estamos en el Madrid de 1920).

Aguador de compra. Fuente: http://www.frame.es

Hasta los años setenta de este siglo XX todavía algunas zonas de nuestra ciudad eran abastecidas ambulantemente, aunque en camiones cisterna dispuestos por el Ayuntamiento. Los últimos aguadores pasaron a ser “botijeros”, portadores de agua fresquita que en sus botijos de barro llevaban hasta las puertas de los cines, de la plaza de toros o de los campos de fútbol, un trago de agua fresca a cambio de la voluntad.

La aguadora, de Francisco de Goya. Foto: Wikipedia

Junto a los aguadores que acarreaban el agua desde las fuentes hasta los barrios más necesitados, estaban las aguadoras, personajes de zarzuela, elemento muy unido a ese decorado verbenero y chulapón, siempre con sus botijos de agua fresca para redimir la sed en aquellos puntos donde las fuentes no estaban cercanas.

Y ese agua, a menudo, se endulzaba con un azucarillo y un poco de aguardiente hasta convertirla en algo más que un trago refrescante, en una bebida típica de Madrid.

Aguadora madrileña. Foto: Historias matritenses

Llegaron también a constituir un gremio e incluso se dispuso que debían ir uniformadas: mandiles de blanco inmaculado, manguitos en los brazos atados con cintas a las muñecas y el pelo recogido con moño atrás. Todo ello hizo que se convirtieran en un tipo popular. Unas vendían el producto ambulantemente y otras en puestos o quioscos.

Estas aguadoras aparecen en zarzuelas como “el padrino del nene”, de Julián Romea o en “Agua, azucarillos y aguardiente”, estrenada en el teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897, con la Manuela como aguadora que entabla querella con otra mujer del oficio, la Pepa, dando lugar a divertidas situaciones y a un escenario sainetesco de lo mejor del género chico, y a la vez haciendo una alusión explicita a este gremio.


No parece haber quedado directo homenaje a la tarea que ejercieron ambos gremios de Madrid, ni en fuentes, ni monumentos públicos. Si fueron referencia en la Planimetría General de la Villa con una calle de Aguadores. También podría considerase homenaje el título y trama de la Zarzuela “Agua, azucarillos y aguardiente”, como una última referencia al gremio.


Bibliografía y Recursos electrónicos

  • DOMÍNGUEZ, Rosalía., “Tipos y costumbres peculiares de finales del Madrid del siglo XIX”, Madrid Histórico, nº 75, mayo/junio, 2018, 70-74.
  • PERIS BARRIO, Alejandro., “Los antiguos aguadores madrileños”, Revista de Folklore, nº 362, 2012, 14-22.
  • RÍO LÓPEZ, Ángel del., Viejos oficios de Madrid. Madrid, Ediciones La Librería, Madrid de Bolsillo, 3, 2002.
  • Aguadores de Madrid [Wikipedia]
  • Historias de Madrid (IV): Los aguadores [Blog Iagua]