HOSPITALES DE MADRID (II): Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula

Hospital de Maudes

Hoy nuestra mirada se vuelve hacia una ubicación completamente alejada de las principales rutas turísticas y que ha sido relegada a un segundo plano. Nos encontramos en el Hospital de Hornaleros San Francisco de Paula más conocido como el Hospital de Maudes, situado entre las calles Raimundo Fernández Villaverde, Alenza, Treviño y Maudes.

Se trata de un edificio público de carácter benéfico promovido por doña Dolores Romero, viuda del empresario Curiel y Blasi quien, movida por las corrientes filantrópicas de la época y el interés por extender la sanidad entre las clases más desfavorecidas, encarga a Antonio Palacios en colaboración con Joaquín Otamendi la construcción de este magno edificio. Las obras se inician en 1909 y concluyen en 1916.

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El enorme conjunto hospitalario y asistencial que ocupa una manzana cuadrada, presenta un aspecto robusto, semejante a una fortaleza o un castillo medieval con sus altas torres. Su planta se articula en forma radical, en torno a un patio central octogonal, con una fuente, del cual parten cuatro ejes radiales: dos que siguen la dirección de las diagonales, ocupadas por los pabellones rectangulares de los dormitorios comunes para los enfermos, y otros dos que siguen los ejes principales de la manzana donde se disponen los edificios de servicio, enfrentando la iglesia -que Palacios la coloca junto a la calle Raimundo Fernández Villaverde, rompiendo el esquema tradicional de los centros hospitalarios- al edificio administrativo y de acceso de la calle Maudes y el pabellón aislado de infecciosos, con fachada a la calle de Alenza, a la sala de operaciones de la calle de Treviño, que se une al cuerpo central por medio de una pasarela metálica acristalada.

Las galerías de comunicación y escaleras son completamente abiertas con objeto de que no puedan encauzar el aire viciado, mientras que el depósito de cadáveres y autopsias se sitúa en un pequeño pabellón aislado próximo a la capilla y oculto a las vistas desde el resto del complejo.

En un principio el hospital, regido por un Patronato, controlado por la fundadora, estuvo administrado por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, pero luego su gestión pasó a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Hospital de Maudes (1930). Foto: Urban Idade

Durante la Guerra Civil fue por su función un objetivo militar prioritario y cambio su nombre por el de Hospital Obrero de Maudes. A fines de los años sesenta y hasta su compra por la Comunidad de Madrid en 1984, “el edificio quedó abandonado, vacío y expuesto a las acciones más o menos depredadoras de jóvenes del barrio, ladrones y vagabundos; sirvió, entre otras muchas cosas, como escenario de aventuras, como fijlón de chatarreros y como refugio para evitar el raso de las noches de invierno; poco a poco desaparecieron muebles preciosos, tarros de botica de cerámica inigualables y cañerías primorosamente dimensionadas”. 

En 1979, por Real Decreto 2122/79, de 6 de julio, se declaró monumento histórico artistico, de carácter nacional a todo este complejo hospitalario. Será en 1984 cuando la Comunidad de Madrid decide restaurarlo y rehabilitarlo con el fin de convertirlo en la sede de su Consejería de Transportes e Infraestructuras. En esta rehabilitación se introdujeron algunas modificaciones para adaptar el edificio a su nuevo uso administrativo-institucional.

Su imagen desde las alturas es sorprendente e impresionante. Emociona y produce múltiples sensaciones. La enorme iluminación natural y la sensación de espacio que se observa en su interior contrasta con el hermetismo que se palpa al exterior.

En el diseño de cada una de las estancias, Palacios y Otamendi tuvieron en cuenta aspectos como el mayor aprovechamiento de la luz natural, los vientos saludables de esta zona o el espacio.

Hospital de Maudes. Exterior. Foto: Secretos de Madrid

Por ello, el Hospital de Jornaleros es posiblemente la obra más completa de Antonio Palacios y también la que mejor refleja el espíritu ecléctico y contradictorio de su arquitectura. A pesar de su acentuado carácter metropolitano, en él se adivinan algunos de los signos que definirán su etapa regionalista, como evidencia el uso de la piedra, apenas sin labrar, en las fábricas y el empleo de materiales cerámicos, como los azulejos creados por Daniel Zuloaga o los paneles realizados por Manuel Ramos Rejano para los revestimientos interiores.

Un edificio que impresiona a pie de calle, que cautiva y sorprende en cada estancia, cuando lo vemos en su interior, y que recibe muy pocos elogios de los que debiera. Así es el antiguo Hospital de Jornaleros, otra de las grandes y impresionantes joyas de Madrid.


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