COMERCIOS DE MADRID: Casa Palazuelo, una obra escondida en pleno centro madrileño

CASA COMERCIAL PALAZUELO

Hay artistas cuyos legados han conseguido que sus nombres vayan ligados al nombre de una determinada ciudad. Curiosamente en Madrid contamos con un caso que, al contrario de lo esperado, es muy poco reconocido. Estamos hablando de Antonio Palacios, un arquitecto gallego nacido en 1874 y al que le debemos una gran parte de los edificios que forman el Madrid más emblemático y admirado por todos los visitantes.

Es sorprendente conocer cómo gran número de las principales edificaciones que configuran el corazón madrileño, salieron de la mente de este ilustre artista. Lugares por los que hemos caminado muchísimas veces y que aparecen como reclamo turístico en cantidad de guías, folletos, postales, etc. Buena parte del mejor y admirado Madrid que hoy podemos contemplar se lo debemos a él y a su enorme talento.

Una de las joyas ocultas que guarda Madrid, y que hoy vamos a conocer, es mérito de Palacios. Se trata de la Casa comercial Palazuelo. Para ello tenemos que atravesar la Puerta del Sol y adentrarnos en la calle Mayor, una de las vías más antiguas de Madrid. Al llegar al portal número 4, nos encontramos en un lugar emblemático y, a la vez, cautivador.

Casa comercial Palazuelo. Vista al exterior. Foto: Wikipedia

Llama la atención, a primer vista, su sorprendente fachada que resulta enigmática, y no digamos lo que esconde en su interior.

El encargo de esta casa comercial a nuestro arquitecto fue realizada por el promotor inmobiliario Fernando Demetrio Palazuelo, quien fue uno de los clientes habituales de Palacios, de ahí su nombre.

Se trata de uno de los primeros edificios comerciales que pretendía acoger tiendas, escaparates, oficinas y despachos. En este sentido es una iniciativa pionera en cuanto a la introducción en Madrid de una construcción proyectada exclusivamente para estos fines. Para ello, Palacios se inspiró en la arquitectura comercial que se realizaba en Estados Unidos por aquellas fechas, desarrollando así un modelo que más tarde retomará en otras obras realizadas en la Gran Vía.

Fue construida sobre el solar que ocupó el palacio de los condes de Oñate, derribada en 1913, a consecuencia de los desperfectos sufridos tras dos incendios. Las obras se iniciaron en 1919 y a finales de 1921 ya se habían concluido.

Fachada principal del Palacio de Oñate y puerta de Pedro de Ribera. Foto: Memoria de Madrid

El objetivo era claro, la fachada exterior no debía llamar la atención, recayendo el peso de la majestuosidad y elegancia en el diáfano patio central del edificio, y Palacios lo consiguió.

Por fuera, el edificio cuenta con dos fachadas, una en el citado número cuatro de la calle Mayor y otras tres en Arenal, ambas de idéntico trazado. Consta de tres cuerpos horizontales, uno principal de mayor tamaño y dos laterales, más estrechos, que proporcionan una sensación de simetría y esbeltez.

Un primer tramo vertical que ocupa la planta baja y el entresuelo está destinado a alojar locales comerciales. Remata en un balcón que ocupa toda la fachada pero que se segmenta en los cuerpos laterales, formando dos balcones ovalados sostenidos por ménsulas con triglifos.

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Fachada principal (detalle). Foto: Monumentamadrid

El cuerpo central está dividido por una serie de columnas corintias entre las que se distribuyen varios miradores realizados en hierro y cristal. Por encima de éste se sitúa un entablamento en el que se alternan pilastras con ménsulas y vanos de cristal decorados con dos columnas más pequeños de orden jónico. El edificio remata en un ático retranqueado flanqueado por dos torreones.

Fachadas de la calle Mayor y de la calle del Arenal. Foto: M.R. Giménez (2014)

Al interior se accede por un portal situado en uno de los cuerpos laterales. Se trata de una de las experiencias más cautivadoras. Desde la planta baja, al alzar la mirada, uno se ve envuelto en un infinito juego de curvas cóncavas y convexas.

El elemento principal es el patio central en forma de V, con suelo de mármol y baldosas de vidrio, del que parte y arranca una escalera que rodea, de una forma ascendente, los dos ascensores y recorre las cinco plantas con las que cuenta el edificio.

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Corredores en torno al patio. Foto: Madrid en foto

Las tres primeras disponen de un corredor con un perfil ondulado en torno al hueco central, con barandillas de forja y pasamanos dorados, de clara inspiración modernista. En la cubierta, una amplia vidriera proporciona luz cenital al patio, creando un conjunto armonioso y de gran plasticidad.

Corredor ondulado y cubierta. Foto: Madrid en foto

Todo el edificio formaba parte de un ambicioso proyecto que estaba incluido en la propuesta urbanística de Antonio Palacios para la reforma de la Puerta del Sol. Con todo, lo que pretendía crear Palacios era un espacio representativo con construcciones monumentales basadas en la reelaboración de modelos clásicos.

Declarado Bien de Interés Cultural en 1997, se trata de uno de los edificios comerciales más espectaculares de la ciudad que nos dejó Palacios, uno de los más bellos secretos de Madrid, precisamente por estar en una situación concurrida como pocas, sin que los peatones sean conscientes de su cercana existencia. Casi podríamos decir que es el secreto perfecto para cualquier persona curiosa.

¿Te ha gustado esta entrada? ¿Conoces las obras que realizó Palacios en nuestra ciudad? Te invito a que vayas a visitarlas porque seguro que te sorprenderán en el centro histórico de Madrid.

 


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