ESTATUAS Y MONUMENTOS DE MADRID (V): Oficios y tradiciones madrileñas

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Madrid es una ciudad donde los oficios y sus tradiciones han tenido y tienen aún un gran arraigo en la mentalidad del madrileño de a pie, a lo largo de su historia. Desde hace unos años, como homenaje a tantos y tantos oficios que, o bien han desaparecido o bien se conservan adaptados a los tiempos actuales, varias estatuas urbanas han comenzado a formar parte de nuestras calles, barrios y distritos.

Detrás de su frío aspecto, en cada una se esconde un sentido y significado, y por supuesto, una historia.  Están allí por algo y ahora, además de observarlas con cierto detenimiento, es el momento de escucharlas. Por este y otros motivos os invito a pasear por las calles de nuestra ciudad localizando cada una de ellas, que carentes de pedestal, se esmeran por vivir y permanecer en un lugar a ras del suelo. Ellas, asentadas en una calle, una esquina, o en una plaza las 24 horas del día, saben tomar el pulso mejor que nadie a Madrid. Se funden y forman parte de nuestro entorno diario y cotidiano y hasta, en muchos casos, resultan invisibles pero en esta ocasión caminaremos atentos para que ninguna de ella se escape a nuestra mirada.

En esta ocasión vamos a conocer cuatro obras interesantes por su carga histórica y social que reflejan un momento, una realidad vivida, una actividad, una tradición arraigada. Estas son: el vecino curioso, el farolero madrileño, el barrendero madrileño y el vendedor de la ONCE.

El vecino curioso

En uno de los rincones históricos de Madrid, esquina con la calle Mayor, muy cerca de la Plaza de la Villa o el Palacio Real, se encuentra esta estatua del vecino curioso realizada en bronce, representado como un hombre de mediana edad, maduro, corpulento, de facciones graves y serias con la característica boina calada. Es obra del escultor Salvador Fernández Oliva.

El vecino curioso. Vista hacia la calle Mayor

El sentido de colocarlo aquí está relacionado con el proyecto que se llevó a cabo en los años 90 del siglo XX, con idea de remodelar y, posteriormente, peatonalizar la calle Mayor y la calle Bailén. Fue durante esas obras, cuando se hallaron los restos de la desaparecida iglesia de Santa María de la Almudena, antecesora de la actual catedral, considerada como el templo más antiguo de Madrid.

De origen incierto, se cree que esta iglesia databa del siglo XI, posiblemente construida sobre la mezquita mayor del Madrid musulmán. Desgraciadamente, en 1868 fue derruida, perdiéndose con ella gran parte de la historia que albergaba. Así ocurrió hasta el año 1995, cuando debido a las obras mencionadas, dejaron al descubierto las ruinas del ábside del recinto sagrado, por lo que se tomó la decisión de mantenerlas a la vista y de integrarlas en el contexto actual.

Iglesia de Santa María de la Almudena. Foto: pinterest.es 

La solución pasó por colocar al vecino madrileño representado junto a las ruinas, apoyado sobre una barandilla. La persona es de la vida real, amigo del propio escultor: Carlos McLean.

El vecino curioso de espaldas. Foto: viajerosalblog.com

En 1999, las ruinas se restauraron y preservaron bajo una cristalera, para poder visualizar una pequeña parte de la historia de nuestra ciudad. Además, se colocó una placa y maqueta, para que todo visitante pueda conocer de qué son las ruinas y cómo era la construcción.

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Iglesia de Santa María de la Almudena. Maqueta y placa explicativa

El personaje que aquí vemos caracterizado como un madrileño castizo, pretende dar la idea de que observa las ruinas con un aire de admiración. Así, y de esta forma, nuestro vecino curioso consigue también ser el centro de atención.

El vecino curioso (detalle)

El farolero madrileño

En la calle Concepción Jerónima 15, junto al edificio de la Imprenta Municipal, en el barrio de Embajadores, se encuentra una de las estatuas urbanas más desconocidas de Madrid. Se trata del farolero, una figura exenta, fundida en bronce, de cuerpo entero y tamaño natural, realizada por el escultor Félix Hernando García en 1999. Va uniformado, con pantalón, zapatos de cordones, amplio gabán de pliegues, camisa, corbata y gorra de plato. El modelado se recrea mucho en los detalles.

Lo que se quiere es rendir homenaje a un profesional y a una profesión que si bien ya no existe, fue de vital importancia para la ciudad. Estamos hablando del farolero.

Monumento al farolero madrileño en calle Concepción Jerónima

Fue una figura de gran importancia, precisamente en tiempos donde no había luz eléctrica, mezclándose su oficio, algunas veces, con la del sereno, que debía cuidar y velar por los faroles desde que eran encendidos hasta que eran apagados.

En Madrid, el alumbrado público comenzó a funcionar en el siglo XVIII con lámparas de aceite hasta bien entrado siglo XIX, cuando fue introducido el gas, y no fueron reemplazadas por alumbrado eléctrico hasta la década de los años 40 del siglo XX.

Farolero encendiendo una farola. Foto: El blog de segundo

Precisamente en esta calle madrileña, nos encontramos con una estatua en la que se utilizó como modelo a una persona del entorno del autor de la obra. El farolero, ataviado para la época nos recibe de pie, quieto, en ademán de espera, vigilancia de lo que, sin duda, era un farol del cual él se encargaba. En su mano izquierda lleva la “pértiga o palo” utilizado para el encendido y apagado de los faroles.

Monumento al farolero madrileño. Detalle

En un principio estuvo situado en la Plaza del Carmen, pero cambió su ubicación a la actual. Es una de las estatuas urbanas más naturales que podemos encontrar en Madrid, y un gran desconocido para el público en general, al igual que su extinta profesión. Por eso, merece la pena acercarse a verlo.

El barrendero madrileño

En la Plaza de Jacinto Benavente se encuentra el que es, posiblemente, la estatua urbana más famosa, pero la más discreta y la que pasa más desapercibida de todas las que podemos encontrar en Madrid.

En esta ocasión se rinde un merecido homenaje a los barrenderos madrileños, empleados públicos muy unidos a la vida de la ciudad. Por eso se quiere recordar con esta esculturas a este colectivo.

Se trata de una escultura completa y en bulto redondo, realizada en bronce, de un barrendero de los años 60. La estatua no lleva pedestal, está anclada directamente en el suelo. Está representado en posición de trabajo, empujando un cepillo de barrer. Va vestido con el uniforme del cuerpo: chaqueta de pana y gorra de plato. Su instalación tuvo lugar en 2001, siendo su autor Félix Hernando García, el mismo escultor que realizó el farolero madrileño ya descrito.

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Vendedor de la ONCE

La estatua dedicada al vendedor de la ONCE es una de las más recientes que se han inaugurado en nuestra ciudad. Es obra del 2013, fundida en bronce. Su autor es el escultor Santiago de Santiago, y se encuentra emplazada en la calle San Agustín, frente a la Plaza de las Cortes.

La imagen que se quiere transmitir es la de todo ese cuerpo de trabajadores de la Organización Nacional de Ciegos Españoles que cada día, y también en fechas muy determinadas del año, llevan la ilusión a muchas personas.

Monumento al vendedor de la ONCE

La escultura se erigió con motivo de la celebración del 75 aniversario de la ONCE. Representa a un vendedor de los años 60, con su cartera, sus cupones colgados al cuello, gafas oscuras, y un bastón apoyado en su brazo derecho.

Monumento al vendedor de la ONCE (detalle)

Mucho ha cambiado la imagen desde sus inicios hasta la actualidad: los más antiguos recordarán cómo era el sonido que, desde cualquier esquina de las calles de Madrid, expuesto a las inclemencias del tiempo, emitía el vendedor de las “tiras”.

Antiguo vendedor de la ONCE. Foto: pososdeanarquia.com

Grandes cambios han experimentado estos vendedores, pero para bien de la institución y de quienes viven de esta actividad, a la vez que para los que han conseguido premios o, al menos, han jugado con esperanza de obtenerlos.

¿Te ha gustado esta entrada? ¿Conoces estas estatuas urbanas? Todas ellas pasan desapercibidas en nuestra ciudad ante el bullicio diario de  los madrileños y de todos los que nos visitan. 


Bibliografía 

  • GARCÍA DEL MORAL ESCOBEDO, Manuel., Paseos secretos de Madrid. Madrid, Ediciones La Librería, 2015.
  • MEDIALDEA VEIGA, Sara., 500 ideas para descubrir Madrid. Madrid, Ediciones La Librería, 2015.
  • RÍO LÓPEZ, Ángel., Viejos oficios de Madrid. Madrid, Ediciones La Librería, 3ª edición, 2002, 47-54.
  • SIMÓN PALMER, María del Carmen., “Faroleros y serenos: (notas para su historia)”, Anales del Instituto de Estudios Madrileños, nº 12, 1976, 183-204.