La escultura conmemorativa y funeraria de Mariano Benlliure en Madrid

Mariano Benlliure es uno de los escultores más destacados dentro del realismo decimonónico, con una intensa y destacada producción en todos los materiales, sobresaliendo algo más de 60 monumentos conmemorativos, junto a otros 30 funerarios de muy variada concepción.

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Precisamente Madrid va a ser la ciudad donde se va a centralizar una parte importante de toda su actividad, con 13 monumentos públicos y 9 funerarios (3 de ellos desaparecidos), tipología que se desarrolló tanto a fines del siglo XIX y comienzos del XX, relacionada con la expansión y el nuevo urbanismo de las ciudades unido a las conmemoraciones de personajes, hechos y acontecimientos.

En ese sentido, Benlliure aportó a la escultura importantes novedades en su manera de componer, esculpir y transmitir el hecho narrado. Gran parte de sus trabajos fueron llevados a cabo tras diversas convocatorias públicas así como por encargos directos, en los que la combinación de mármol y bronce, unido a otros tipos de piedra, le permitieron cumplir con la misión a la que estaban destinados los monumentos que diseña, así como el recuerdo o la puesta en valor del personaje o la hazaña. Según las distintas convocatorias, el escultor fue componiendo figuras y grupos escultóricos con diversos puntos de vista, sabiendo llevar a buen término tantas composiciones estáticas con retratos de extraordinaria calidad e introspección psicológica de los protagonistas, como otras de gran movimiento y complejidad, en las que se combinan hechos reales y figuras alegóricas, con carácter moralizante.

Sus obras nos llevan a celebrar centenarios como los de 1808 o 1812, así como a homenajear figuras históricas de la política, la cultura, la milicia, el arte o la ciencia, resolviéndolas con una mirada novedosa y con una aportación esencial.

En paralelo, se encuentran los monumentos funerarios juntos con cenotafios únicos como los que se conservan en el Panteón de Hombres Ilustres, así como en la Sacramental de San Isidro, en la Sacramental de San Justo y en el Cementerio de la Almudena, en los que nos transmite una interesante y novedosa visión en la que se combina el realismo, el naturalismo, así como un dominio absoluto de la materia que le han hecho merecedor del reconocimiento unánime en vida y tras su fallecimiento, desde la familia real, a la nobleza, artistas, científicos, escritores, etc.

De carácter abierto, cercano y jovial, fue un trabajador empedernido, muy entregado a su profesión. Supo relacionarse con las distintas clases sociales, y consiguió innovar el concepto de monumento público pensando en los paseantes que, admirando sus obras, podían reconocer y valorar el mensaje transmitido en la obra.

Benlliure nació en Valencia, el 8 de septiembre de 1862, en el seno de una familia con amplia tradición artística. Su padre fue un modesto pintor decorador que introdujo desde la infancia a sus hijos varones -Blas, José, Juan Antonio y Mariano- en el arte.

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Fue un creador muy precoz, pues desde muy pequeño dio muestras de poseer un don para la escultura.  Con apenas cinco años acudía junto a su hermano José al estudio de Francisco Domingo, joven pintor seguidor de una corriente realista en la pintura. A los nueve años se inició como tallista en Madrid. Sus primeros concursos y exposiciones tuvieron lugar antes de cumplir los diez años.

El que sería uno de los más famosos escultores españoles de todos los tiempos comenzó a cultivar en su juventud una materia en la que ocupa un lugar destacado: la tauromaquia, con representaciones en bronce de las distintas suertes y protagonistas del toreo. A los trece años participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1876 presentando un grupo escultórico de cera llamado La cogida de un picador.

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Su dedicación principal, sin embargo, era entonces la pintura, que siguió cultivando en París al lado de su maestro Domingo Marqués. En 1881 fue a Roma, donde, fascinado por Miguel Ángel, abandonó los pinceles para dedicarse exclusivamente a la escultura. Allí se perfeccionó en el dominio de las técnicas y materiales, en contacto con las fundiciones artísticas más importantes y con frecuentes visitas a las canteras de Carrara; además de ilustrarse principalmente con el estudio de la estatuaria clásica, renacentista y barroca, y de la escultura de la Italia de su tiempo.

Desde Roma enviaba sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. En 1884 obtuvo una segunda medalla con Accidenti!, la escultura que le dio fama (Colección particular), y en 1887 la primera medalla con la estatua del pintor José de Ribera (Plaza del poeta Llorente, Valencia). 

En 1896 se estableció en Madrid, aunque mantuvo unos años su estudio de Roma. Entre 1910-1912 se construyó una casa-estudio en la calle José Abascal, que fue punto de encuentro de los personajes más ilustres, tanto para posar como participar en sus animadas tertulias. Benlliure realizó en este estudio excepcionales y numerosos retratos y monumentos, constituyendo un extraordinario testimonio de la época y la sociedad del momento. 

Caracteriza su estilo un naturalismo detallista y minucioso, con una cuidada ejecución, así como un impresionismo espontáneo, de modelado nervioso, tan rápido y vivaz que queda patente en el barro la huella manual del artista. En este sentido alcanzó una maestría prodigiosa. Alfonso XIII le encargó trabajos para la Casa Real. Obras importantes suyas son los monumentos de Castelar, Gayarre, Agustina de Aragón, María Cristina de Borbón, San Martín, Goya, Velázquez, Fortuny, Joselito y Pastora Imperio. Cultivó además la imaginería religiosa.

Es reseñable, además, que asumió destacados cargos públicos relacionados con el mundo de la cultura y las Bellas Artes: entre 1901-1903 fue Director de la Academia de España en Roma, de 1917 a 1919, Director General de Bellas Artes y de 1917 a 1931, Director del Museo de Arte Moderno de Madrid -actualmente integrado en el Museo del Prado-. Perteneció a diversas Academias de Bellas Artes: San Fernando de Madrid, San Carlos de Valencia, San Luis de Zaragoza, San Telmo de Málaga, San Lucas de Roma, Brera de Milán, Carrara y París; y recibió importantes condecoraciones, como la Legión de Honor de Francia, Comendador de la Orden de la Corona de Italia o la Gran Cruz de Alfonso X de España.

Al final de su vida, con una salud muy debilitada, no pudo controlar la ejecución de los encargos, dependiendo del equipo de colaboradores que concluirían las obras, por lo que gran parte de éstas se deben valorar como obras del taller.

Falleció el 9 de noviembre de 1947 en Madrid, y sus restos se llevaron a Valencia con todos los honores.

Benlliure dejó huella principal en Madrid. Nadie como él supo plasmar el gusto por el detalle y el realismo en sus trabajos escultóricos. Sorprende su incansable actividad. En sus manos la materia dejaba de ser fría e inerte. Sabía infundirle un grácil dinamismo, un cálido aliento.

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BIBLIOGRAFÍA

  • ENSEÑAT BENLLIURE, Lucrecia y AZCUE BREA, Leticia (Comisarios)., Mariano Benlliure: el dominio de la materia. Madrid, Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, 2013.
  • MARTÍN, Alberto., “Mariano Benlliure y la política de la memoria en el Madrid de la Restauración” en Madrid Histórico, nº 46, 2013, 40-55.
  • PASTOR MATEOS, Enrique., “Mariano Benlliure, en Madrid y en la vía pública” en Villa de Madrid, nº 54, 1977, 27-36.