Francisco de Goya y el retrato familiar

Goya fue un pintor muy apreciado en su tiempo como retratista. De hecho, el tema del retrato va a ocupar una parte importante de su vida profesional y fuente principal de ingresos, trabajando para una clientela selecta que se los demanda. Las muestras y satisfacción de sus clientes traerán consigo numerosos encargos y compras de otras de sus obras. Goya autorretrato museo Castres

Uno de los rasgos característicos de su retrato es la forma en la que consigue cautivar a sus clientes a través del estudio psicológico de los mismos, aspecto en que se asemeja a Velázquez, desdeñando aquel en el que lo accesorio acapara su interés. Si bien toma de su maestro la penetración psicológica del personaje, a diferencia de éste, muestra su simpatía o antipatía por el retratado o por lo que representa socialmente.

Generalmente, las obras suelen estar pintadas con suma rapidez, sin embargo todas ellas presentan un trabajado estudio del natural, sin dudar en utilizar la cuadrícula. Su pincelada profundiza en lo que se ha llamado la “estrategia de la ilusión” aprendida de su maestro.

Aún contando con su formación académica y siguiendo los gustos de la Corte (fue pintor de cámara de la monarquía), lo que aporta a este tipo de pintura radica en haber tenido un estilo y unas técnicas propios. En gran parte de su producción pictórica empleó técnicas muy adelantadas a su tiempo, incorporando en sus obras cuanta innovación vio, poniéndolo todo al servicio del arte. Su longevidad y su ansia de aprender permitieron el signo cambiante y proteico de su estilo.

En cuanto a la temática, cabe destacar aquellas obras encargadas por la nobleza y las que fueron solicitadas por los monarcas del momento, en especial por Carlos IV.

Precisamente, desde su llegada a Madrid para trabajar en la Corte, Goya tiene acceso a las colecciones de pintura de los reyes, y su arte tendrá, en la segunda mitad de la década de 1770, el referente constante y admirado de su mentor.

En este entorno, uno de sus primeros clientes fue el infante D. Luis de Borbón, hermano de Carlos III, casado morganáticamente con la zaragozana María Teresa de Vallabriga. Para ellos pintaría un Retrato de familia (1784, Fundación Magnani-Rocca, Corte di Mamiano, Parma) y varios individuales de cada personaje.

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Este retrato familiar está considerado como una de las primeras obras maestras de Goya. En ella vemos cómo toda la composición pretende dar un aire de intimidad, de cercanía con los retratados, del que Goya participó.

El artista en acción de retratar a toda la familia del infante, pinta una escena íntima, de la vida cotidiana, rodeado de su esposa, hijos, diversos criados y algún visitante. Mientras que él se detiene en hacer un solitario con las cartas, un criado peina a su esposa, dispuesta en el centro de la escena y mirando al espectador. Detrás se sitúan los hijos mayores: el futuro cardenal arzobispo don Luis y María Teresa, muy entretenida observando el trabajo del pintor, incluido en el cuadro. Las sirvientas parecen sorprendidas ante un espectador situado fuera del lienzo, al que dirigen sus miradas algunos de los personajes que rodean a la familia. Contrastando con la penumbra que rodea a los sirvientes y criados, la niña más pequeña, recostada en brazos de su niñera, aparece fuertemente iluminada por la luz de una vela, al igual que sus padres y hermanos, señalando -de esta forma-, quien forma parte del grupo familiar.

La influencia de Velázquez es claramente manifiesta, haciendo alusión a su obra maestra, Las Meninas.

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Goya, que preparó este cuadro realizando los bocetos de perfil del infante y su esposa, también retrató por separado a los niños, dando muestras de una especial predilección por la pequeña María Teresa, de quien haría, posteriormente, un magistral retrato como condesa de Chinchón.

Además de la influencia de Velázquez, se han mencionado unas interesantes equivalencias con las “conversation pieces” de los pintores ingleses William Hogarth y Joseph Wright de Derby, fechadas entre 1730 y 1770. Se trata de pinturas de estancias en las que un grupo de personas están conversando en un espacio de penumbra, iluminado por un foco artificial potente, similar a la obra de nuestro artista.

Años más tarde, Goya realizaría otra de sus obras cumbre: el retrato familiar de los duques de Osuna y sus hijos (1788, Museo del Prado, Madrid). De hecho, esta familia le encargó al artista gran número de pinturas desde el momento en que entabló su primera relación con ella, hasta el punto de que los duques de Osuna se convirtieron en sus principales clientes. Esto demuestra el decidido apoyo a nuestro artista, en especial de la duquesa, una mujer culta y activa en los círculos ilustrados madrileños.

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En este retrato se trasluce la cercanía y simpatía que Goya profesó a sus mecenas, a los que refleja con amabilidad y ternura, sin olvidar la elegancia y el lujo que los identifica como representantes de la aristocracia del momento. Pedro Téllez de Girón, IX duque de Osuna, y su esposa María Josefa Alonso Pimentel, condesa-duquesa de Benavente, formaban con sus cuatro hijos una familia prototípica de la alta sociedad de su tiempo.

El artista utiliza una composición sencilla, con los personajes posando en ausencia de mobiliario y de fondo, resaltados sólo por la iluminación del cuadro, que van configurando los distintos volúmenes creados a través de las distintas incidencias de la luz. El empleo de un cromatismo delicado en tonos verdes, grises y castaños de la duquesa y su hijos, envueltos en la atmósfera de fondo y el suelo matizados en los mismos tonos, armoniza bien con el negro de la casaca del conde y sus adornos rojos y plateados.

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De este modo, Goya fue ganando prestigio, y los ascensos se suceden. En 1785 es nombrado Teniente Director de Pintura en la Academia de San Fernando (similar al puesto de subdirector), y en 1789, a sus cuarenta y tres años y tras la subida al trono del nuevo rey Carlos IV, lo capacita para ejecutar los retratos oficiales del rey y su familia.

Precisamente, en 1800, recibe el encargo de pintar un gran cuadro de grupo que se materializó en La Familia de Carlos IV (Museo del Prado, Madrid).

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Se trata de un retrato colectivo similar a las Meninas de Velázquez, aunque Goya ofrece una visión nueva del retrato real, con los personajes de pie, en un ambiente falto de toda escenografía y efectismo. Al igual que Velázquez, se retrata así mismo en una esquina del cuadro, a la izquierda, pintando un gran lienzo. La inmediatez de la escena la acerca a la de una instantánea fotográfica, ya que aparecen aspectos de la vida cotidiana y familiar de los personajes retratados, y la atención del espectador se centra en los rostros, auténticos retratos psicológicos de la familia real.

Además del estudio y penetración en la personalidad y peculiaridades de los retratados, llama la atención su riqueza táctil de las telas, el esplendor cromático de los amarillos y oros sostenidos por los rojos y azules.  El tratamiento de la luz es única, ya que arranca destellos a las joyas, así como a las condecoraciones y a las ricas telas, mediante una pincelada de toque muy suelto.

Y es que Goya pensaba solo en la realidad que tenía delante. Cuando ves una de sus obras, conoces el fondo de la persona retratada. Contaba todo del personaje que iba a retratar y sobre él experimentaba todo lo que pasaba por su cabeza. El uso del fondo negro se repite, sugiriendo esa sensación de profundidad, de inspección del alma del retratado, como si intuyera un inconsciente, algo incontrolable al interior de hombres y mujeres.

Por ello es, sin lugar a dudas, el artista más moderno, sin hacer concesiones al retratar la verdadera personalidad de sus modelos. Cada retrato es diferente, cada obra es nueva, única. Goya no se repite.  De ahí su genialidad.

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BIBLIOGRAFÍA

  • CALVO SERRALLER, Francisco (Comisario)., Goya y el infante don Luis: el exilio y el reino. Arte y ciencia en la época de la Ilustración española: Madrid, Palacio Real, octubre 2012-enero 2013. Madrid, Patrimonio Nacional, 2012 [Catálogo de la exposición].
  • MUSEO DEL PRADO., Goya y Velázquez: el retrato real = Goya und Velázquez : das königliche portrait. Madrid, Museo del Prado, 1991.
  • MUSEO DEL PRADO.,  El retrato español en el Prado : de Goya a Sorolla. Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007.