Manuel Bartolomé Cossío y el descubrimiento del arte español

“El mundo entero debe ser, desde el primer instante objeto de atención y materia de aprendizaje para el niño, como lo sigue siendo, más tarde para el hombre. Enseñarle a pensar en todo lo que le rodea y a hacer activas las facultades racionales es mostrarle el camino por donde se va al verdadero conocimiento, que sirve después para la vida. Educar antes que instruir; hacer del niño, en vez de un almacén, un campo cultivable, y de cada cosa una semilla y un instrumento para su cultivo; evitar que el hombre pueda dolerse del tiempo que ha perdido, teniendo las cosas delante sin verlas, y que tantos desaparezcan de este mundo sin haber sospechado siquiera que pueden ser dueños de una fuerza inextinguible para conocer cosas que nunca se olvidan, es el ideal que aspira a cumplir mediante ese arte de saber ver, la pedagogía moderna” (Cossío, 1879)                                                                                                                              

Con estas palabras se resume la labor de uno de los más destacados pedagogos e historiadores del arte como fue Manuel Bartolomé Cossío, cuyo papel sería relevante en el proyecto de modernización de la enseñanza y la cultura en nuestro país.

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Vinculado a la Institución Libre de Enseñanza (ILE), fue uno de sus primeros alumnos. Junto a Ricardo Rubio Manuel se convirtió en el discípulo más cercano al fundador de la Institución, Francisco Giner de los Ríos, cuya actividad al frente de la Institución continuaría hasta la muerte de éste en 1915. En 1916 puso en marcha la creación de la Fundación que lleva el nombre de su maestro, con idea de preservar el patrimonio material e intelectual de la ILE y darle una clara continuidad. De hecho, supo hacer de mediador entre las ideas teóricas de la nueva educación que predicaba la Institución y la necesidad imperiosa de llevarlas a la práctica, creando un modelo válido y renovado de educación y convivencia.

El resultado será una pedagogía activa donde prima una educación integral frente a la instrucción, y en la que el amor a la ciencia constituye la idea fundamental. Con estas premisas, creó un proyecto que hacia del disfrute del arte un elemento primordial de la labor educativa. En ese sentido, defendía que la formación era algo continuado, que duraba toda la vida. Por eso en la sede de esta Institución de Madrid, se enseñaba a los niños más pequeños a pintar y a identificar láminas, y se les organizaban visitas a museos.

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Este pensamiento lúdico y distendido de la enseñanza, entroncado en la ideología krausista, sustentó también el nacimiento de las Misiones Pedagógicas, propuestas por él en el año 1922, y que no arraigó hasta el advenimiento de la II República, en 1931, siempre animado por la búsqueda constante de formar el “nuevo hombre”, útil a la humanidad, capaz de gobernar su propia vida, con razón y plena conciencia.

De igual forma, cabe destacar su labor como precursor de la historia del arte considerándola una disciplina científica en España. Como vemos, es, en este campo artístico, donde más destacó su aportación, en especial en el estudio y valoración de lo que hoy representa la figura del Greco, a partir de la publicación que llevó a cabo, sobre este pintor, en 1908. Esta obra es fundamental y sin la cual no puede entenderse el largo proceso a través del cual el pintor de Toledo ha llegado a ser una figura imprescindible y destacada no sólo en el arte europeo de su tiempo, sino en el canon de la pintura occidental. Para Javier Portús, conservador y jefe del Departamento de Pintura Española (hasta 1700) del Museo del Prado, “uno de los aspectos más destacables de este libro es que fue uno de los hitos fundacionales de la historia del arte moderna en España y como se entiende actualmente. Hasta el momento en España apenas se habían publicado monografías actualizadas de artistas con un carácter mínimamente científico. El único precedente importante está vinculado también con la Institución Libre de Enseñanza, como es el caso del libro Velázquez de Aureliano de Beruete (1898), un personaje que también está presente en esta muestra”.

Precisamente, cuando se cumplen cien años de la creación de su Fundación, la sede la Institución Libre de Enseñanza (ILE) de Madrid y Acción Cultural Española han organizado una exposición titulada El arte de saber ver. Cossío, la Institución Libre de Enseñanza y El Greco cuya idea fundamental es dar a conocer el legado intelectual de su principal alumno y discípulo de la Institución, así como rendirle un merecido homenaje.

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El recorrido por esta muestra se centra en la figura de Cossío, la pintura del Greco, la ciudad de Toledo y la tradición intelectual de la ILE. “El arte de saber ver” incluye más de 300 piezas entre pinturas, fotografías, cerámica, elementos arquitectónicos, tejidos, libros, revistas, documentos, cartas, además de filmaciones de la época o archivos sonoros de diferentes artistas, así como otros objetos que explican el papel de Cossío en la historia de la cultura española y, especialmente, en el estudio de la figura del Greco a partir de su libro, ya mencionado, que fue publicado a principios del siglo XX.

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La exposición gira en torno a las circunstancias que rodearon su monografía, con la que el historiador del arte y pedagogo se situó entre los primeros que utilizaron el análisis directo de las obras y el cotejo de la documentación histórica, lo cual le convirtió en un referente para establecer un método de enseñanza de la Historia del Arte.

De igual forma, la ciudad de Toledo centra una parte importante de la muestra como crisol de culturas entre tradición y vanguardia.

Varias de las piezas que se exhiben en esta muestra, comisariada por Salvador Guerrero, son obras cedidas por diversos museos de artistas como El Greco, Joaquín Sorolla, Cecilio Pizarro, Carlos de Haes, Daniel Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Federico García Lorca, Ramón Casas, Joaquín Torres-García, Ignacio Zuloaga, Aureliano de Beruete o Salvador Dalí, todos ellos relacionados -de una forma u otra- con la Institución Libre de Enseñanza. En ese sentido, hay que destacar la calidad de las obras, que ha sido posible gracias a préstamos del Museo del Prado, el Instituto Valencia de Don Juan, el Museo Reina Sofía, el Museu Nacional d’Art de Catalunya, la Fundación-Museo Sorolla o la Biblioteca Nacional.

Complemento a esta muestra, se ha publicado una monografía que reúne una serie de ensayos en los que se analiza la trayectoria de nuestro protagonista, unido a la organización de un ciclo de conferencias.

Como punto final de esta exposición, reproducimos una frase de Cossío: “Cada cual  tiene la obligación de hacer de su vida una obra de arte”, que sintetiza perfectamente la idea que tenía, en la que se entronca otra idea: non estetica sine ética (no hay estética sin ética), dando a entender la relación tan estrecha que existe entre el arte, la estética y la ética, principios que siempre fueron esenciales en la Institución Libre de Enseñanza y en la realización y puesta en marcha de su proyecto educativo, aspecto claramente innovador en esta época tanto para España como para Europa.


EL ARTE DE SABER VER. Cossío, la Institución Libre de Enseñanza y El Greco
Del 30 de noviembre de 2016 al 23 de abril de 2017
Sala de exposiciones temporales. Institución Libre de Enseñanza

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